Un proyecto de ley propone que las tarjetas de crédito argentinas incluyan un freno voluntario al gasto. ¿Cómo funciona y por qué podría cambiar tu economía personal?
Imaginate que vos mismo, en un momento de calma, le pedís a tu banco que te bloquee la tarjeta cuando gastes más de lo que decidiste gastar. No el banco, no el juez, no tu pareja: vos. Eso, exactamente, es lo que propone la Ley Ulyses.
¿De qué trata todo esto?
Argentina tiene un proyecto de ley —presentado por la diputada nacional Mónica Frade— que obliga a los bancos y financieras a ofrecer a sus clientes una opción nueva: fijar un límite de gasto propio, por debajo del límite que ya da el banco.
Si hoy tu tarjeta tiene un límite de $500.000, vos podés decirle al banco: «Cortame los consumos en $150.000 por mes». Y el banco deberá respetarlo, rechazando automáticamente cualquier compra que lo supere.
¿Y eso de Ulyses? ¿Qué tiene que ver un héroe griego con la tarjeta?
En la famosa historia de la Odisea, Ulises sabía que al pasar por la isla de las sirenas, su canto era tan irresistible que los marineros se tiraban al agua y morían. Entonces, antes de llegar, tomó una decisión en frío: mandó a sus hombres a atarlo al mástil del barco y a taparse los oídos con cera. Así, cuando llegó el canto tentador, no pudo hacer nada aunque quisiera.
La moraleja es simple: cuando estamos tranquilos pensamos mejor. Cuando estamos «calientes» —ansiosos, impulsivos, entusiasmados en un shopping— tomamos peores decisiones. La Tarjeta Ulyses funciona igual: vos te ponés cadenas antes de que lleguen las tentaciones.
«El deseo es aquí, ahora, ya; mientras que el ahorro es una promesa de prosperidad futura cuya lejanía la vuelve indiferente.» — Richard Thaler, Premio Nobel de Economía
¿Por qué nos endeudamos si sabemos que es malo?
Acá viene la parte más interesante. Los científicos del comportamiento llevan décadas estudiando algo perturbador: sabemos que endeudarnos en exceso es peligroso, pero igual lo hacemos. ¿Por qué? La respuesta tiene que ver con cómo funciona nuestro cerebro:
¿No es suficiente con que el banco nos informe bien?
Esto es quizás lo más revolucionario del proyecto. La respuesta de los científicos del comportamiento es: no, no alcanza. Hoy los bancos ya están obligados a informar tasas, costos y riesgos. Y aun así la gente se endeuda de más. ¿Por qué? Porque la información no cambia el impulso. Saber que algo es malo no te impide hacerlo.
¿Cómo funciona la ley en la práctica?
El proyecto establece obligaciones concretas para los bancos y derechos para los usuarios:
¿Esto resuelve la pobreza en Argentina?
El autor es muy claro en esto: no, y nunca pretendió hacerlo. Hay que distinguir dos problemas completamente distintos:
¿Quién está detrás de esta idea?
La propuesta se basa en décadas de investigación de economistas y psicólogos conductuales. El nombre más conocido es Dan Ariely, profesor de la Universidad de Duke y autor del bestseller Las trampas del deseo, quien imaginó hace años una tarjeta de crédito que permitiera al propio usuario restringirse a sí mismo.
También se apoya en el trabajo de Richard Thaler (Premio Nobel de Economía 2017), Cass Sunstein, y el neurocientífico George Lowenstein, quien estudió cómo los estados emocionales «calientes» alteran nuestras decisiones financieras.
En Argentina, el artículo es del jurista Fernando E. Shina, quien lleva años investigando cómo incorporar estas ciencias al derecho del consumo. El proyecto legislativo fue impulsado por la diputada Mónica Frade.
¿Cuáles son las críticas posibles?
En resumen: ¿qué cambia con esta ley?
La Ley Ulyses no es una revolución económica ni va a eliminar la pobreza ni la deuda. Es algo más modesto y más realista: reconoce que los seres humanos somos impulsivos por naturaleza y que a veces necesitamos herramientas para protegernos de nosotros mismos.
Si la ley se aprueba, la próxima vez que vayas al banco a sacar una tarjeta o renovar la tuya, el empleado estará obligado a preguntarte: «¿Querés activar un límite de gasto propio?». Decir que sí o no es completamente tuyo. Pero al menos vas a tener la opción.
Como decía Ulises antes de que empezara el peligro: mejor atarse al mástil antes de que lleguen las sirenas.
